C de la Missió – Cap 4 – La espiritualidad apostólica

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Capítulo 4 LA ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA

21 Los horizontes de la espiritualidad
22 Evangelizar educando y educar evangelizando
23 Cristo, Buen Pastor
24 Una caridad pastoral tiránica
25 Espiritualidad de la acción
26 Amabilidad salesiana
27 La oración salesiana
28 Maria, Madre y Maestra

21. Los horizontes de la espiritualidad.

Del carisma emana una espiritualidad.

Ésta da una visión nueva de la realidad, con la capacidad de leerla no sólo en lo que aparece, sino también en lo que está bajo los acontecimientos.

Llena al creyente de una fuerza que se traduce en entusiasmo incontenible en el don de sí a los demás, como caridad operativa.

Sugiere aspectos del misterio de Dios que se convierten en criterios para relacionarse con Él, la historia, los hermanos y las hermanas.

Unifica toda la existencia, dándole un alma, un centro y una motivación.

22. Evangelizar educando y educar evangelizando.

Es la típica fórmula que expresa la unidad de la espiritualidad vivida en la Familia Salesiana.

Es una manera diversa para expresar el Sistema Preventivo, no sólo en su dimensión de pedagogía y de metodología, sino también de espiritualidad.

Ayuda a comprender la espiritualidad como un don, en cuanto que indica la unidad de la vida y de la acción del apostolado, como un fruto que nace del Espíritu y conduce al Espíritu

Exige que seamos testigos de la fuerza educativa que reside en el Evangelio.

Al mismo tiempo, como hijos e hijas espirituales de Don Bosco, estamos llamados a mostrar la riqueza evangelizadora de la educación.

Nos declaramos, por esto, “signos y portadores del amor de Dios” a los jóvenes, especialmente a los más necesitados y a las clases populares.

Es un reto hoy, para todos los Grupos de la Familia, porque es fuerte la tendencia a simplificar la misión apostólica y reducirla, a veces a la sola perspectiva de promoción, y otras veces a la sola evangelización explícita.

La educación, por el contrario, requiere dar expresión a todo lo que todavía no ha logrado expresarse, a nivel humano y a nivel espiritual.

La consideración de los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, en cuanto signos de la gracia y en cuanto instrumentos de educación, es del todo original.

23. Cristo, Buen Pastor.

La imagen del Buen Pastor se aplica a todos los creyentes que realizan la animación de los demás, particularmente de los pequeños y de los pobres.

E indica dos hermosas perspectivas de espiritualidad apostólica:

La primera: en toda clase de trabajo y de compromiso los creyentes debemos “entrar en el nombre de Jesús”. Es decir, comporta poner en el centro de la atención, de la preocupación y de los trabajos la persona como supremo valor, al cual dedicarse sin límites.

El apóstol ama, ama totalmente, ama sin prejuicios. Así se comportó el Buen Pastor, incluso con la oveja perdida.

La segunda: aceptar y vivir la persona del Señor como el único que da sentido y plenitud al vivir cotidiano.

Él que es el lugar de la vida salvada de la precariedad y del vacío.

Él que es la garantía de la libertad, porque deja libertad para entrar y para salir, como dice San Juan.

Él es el ejemplo de la solidaridad, y ofrece verdes y seguros pastos.

Para nuestra experiencia salesiana, la imagen del Buen Pastor orienta contenidos, metodología y proyectos de vida espiritual.

Propone nuevamente una relectura del Sistema Preventivo, a través de:

  • a través del conocimiento recíproco y personal,
  • el acompañamiento que se reviste de entusiasmo y optimismo en las dificultades ligadas a la obra pastoral, y se adapta a las situaciones y circunstancias de cada uno,
  • la responsabilidad de los unos para con los otros, invitando a todos a asumir hacia los lejanos y los extranjeros actitudes de simpatía y de intervención concret

24. Una caridad pastoral dinámica.

La caridad pastoral dinámica representa el corazón del espíritu de Don Bosco, la sustancia de la vida salesiana, la fuerza del compromiso apostólico de los miembros de la Familia Salesiana.

El término “caridad” tiene que ser llenado no sólo de las fuerzas del corazón humano, sino de la simpatía de los educadores y de la alegría de sentirse útiles, sino, también, con participación en el corazón mismo de Cristo y en la misericordia que proviene del Padre.

El sueño de los nueve años contiene en sí ya esta exigencia.

La caridad “pastoral”, además, es la participación en el alma interior del Señor, en su misión de salvación, en el compromiso manifestado por el Buen Pastor para la salvación de todos.

En el corazón del apóstol salesiano esta dimensión refuerza su amor hacia el Padre, su gloria, y su amor hacia los hermanos, especialmente los más necesitados, que hay que salvar.

La caridad pastoral “dinámica”, manifiesta la exigencia de vivir un poco por encima de la norma, con vivacidad y con una pizca de locura, más sabia que la sabiduría humana6.

La caridad salesiana sigue el dinamismo innovador, típico de los jóvenes y no puede contentarse con la rutina, sino que busca la novedad de la profecía encerrada en la juventud.

25. Es espiritualidad de la acción.

San Francisco de Sales es reconocido como maestro de una nueva espiritualidad en la Iglesia: el éxtasis de la acción y de la vida.

En la experiencia cristiana comprometida se pueden realizar tres formas de éxtasis:

  • la intelectiva: nace de la admiración del proyecto y de la obra de Dios, y se presenta como luz que ilumina el camino de la fe;
  • la afectiva: encuentra la fuerza del ofrecimiento de los talentos y de la vida al Señor y a su Reino, y se manifiesta en el fervor y en el entusiasmo del amor;
  • la de la acción y de la vida: tiene su origen en la actividad concreta y cotidiana, y se alimenta con las obras de bien hechas con cuidado, frecuencia y prontitud

Para San Francisco de Sales esta última es la más alta y la más apta para la percepción de la presencia de Dios en la vida de la gente y de la Iglesia.

La Familia Salesiana, en la relectura de Don Bosco Fundador de una Familia Espiritual, ha traducido las exigencias de la espiritualidad y de la mística, considerando el nivel juvenil, en una formulación sencilla y comprometida: la espiritualidad de lo cotidiano.

26. Amabilidad salesiana.

La amabilidad requiere la superación del propio egoísmo, para abrirse a las necesidades del otro.

Es un verdadero éxodo.

Exige un gran amor, una esperanza a toda prueba, una confianza que no se deja abatir por las dificultades.

A los jóvenes hay que tomarles en el punto en el cual se encuentra, como experiencia humana y como experiencia religiosa.

Tomarles dónde están, para llevarles adónde son llamados.

Las fuerzas interiores del bien, de la justicia, del amor que hay en ellos buscan educadores capaces de acogerlas y desarrollarlas.

“La caridad de Cristo nos impulsa continuamente”: repiten el educador y el pastor salesiano.

La amabilidad es signo visible y humano del amor de Dios.

Es instrumento para hacerlo nacer y crecer en el corazón de cuantos han sido alcanzados por la amabilidad de Don Bosco.

Es la manifestación de Dios Padre que ama, de Jesús que asume en sí toda la experiencia humana, del Espíritu del Señor que acompaña como amigo y defensor de los pobres.

La amabilidad camina junto con la razón, para evitar que se pueda perder en la simple emoción.

27. La oración salesiana.

La llamamos, ordinariamente, oración apostólica.

Los modelos son, para todos nosotros, San Francisco de Sales y
Don Bosco.

No es fácil juzgar a Don Bosco con el parámetro tradicional, en cuanto a la oración.

En su manera de obrar se mostraba muy distinto de los demás santos: conjugaba un trabajo extraordinario y continuo con una oración profunda, pero sencilla y corta en el tiempo.

En sus tiempos, para muchos hermanos sacerdotes, resultó poco edificante la cantidad y el tipo de trabajo de Don Bosco, y la evidente escasa oración formal.

Sin embargo siempre fue animado por el Papa a continuar con su estilo.

Tres características tienen que ser consideradas conjuntamente en la historia de Don Bosco, santo y hombre espiritual:

boto01 la armonía entre periferia y centro de su vida.Como “periferia” tiene que entenderse el trabajo infatigable.Como “centro” hay que considerar el recogimiento místico.

Siempre ocupado en muchos asuntos, la periferia no ocasionaba molestias al centro, y el centro no creaba rémoras a la periferia.

La armonía es la expresión de la síntesis lograda, tal como Francisco de Sales había enseñado.

boto01 La misma denominación de la obra más significativa de su experiencia apostólica y de maestro de vida espiritual: el Oratorio.Don Bosco mismo comentó que el término quería indicar, de forma clara, la finalidad sustancial de la obra de los oratorios.Expresaba también el fundamento de su institución: ¡la oración!
boto01 La solicitud dirigida a sus hijos: haced bien las prácticas del buen cristiano.La recta comprensión de la palabra de Don Bosco es posible en un contexto de Palabra de Dios.Las prácticas del buen cristiano no se pueden reducir a las solas prácticas exteriores de piedad.

Nos trasladamos, sin embargo, a un horizonte más amplio, al descrito por el evangelista Mateo en el juicio al final de la vida.

Prácticas del buen cristiano son la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios, la invocación y la acción para la construcción de su Reino.

28. María, Madre y Maestra.

Muchos Grupos de la Familia Salesiana tienen la referencia a María en el mismo título oficial reconocido: María, María Inmaculada, María Auxiliadora, María Reina, el Corazón de María.

Ya desde la adolescencia, desde el primer sueño de los nueve años, Don Bosco se refirió a María como Maestra y Madre, porque así se lo había indicado el Personaje del sueño.

En su primera experiencia educativa, poniéndose en el camino de su Iglesia local, ligó su obra a la Virgen Dolorosa.

Respondía plenamente a las necesidades de los jóvenes, “pobres y en peligro”, el sentirse protegidos por una Madre Consoladora.

Cuando recogió, establemente, en Valdocco a los jóvenes con un proyecto integral de educación y evangelización, viviendo el momento espiritual, en la Iglesia universal, de la definición del dogma, les propuso la imagen de María Inmaculada.

A Don Bosco le parecía que era la educadora más eficaz para los jóvenes que debían superar las dificultades en su crecimiento humano y cristiano.

Finalmente, como Fundador de una Familia Apostólica, comprometida en la educación y en evangelización de los jóvenes y de los pobres, y experimentando cómo “María lo ha hecho todo” en su vida, viniendo pronto a socorrerlo, propuso y difundió la devoción a la Virgen con el título de Auxiliadora de los Cristianos.

Observando el cuadro querido por Don Bosco para la basílica, y releyendo la descripción propuesta al pintor para la realización de su cuadro, María Auxiliadora aparece en su misterio de maternidad eclesial y en su papel de educadora y ayuda potente.