Qué hora es en nuestra vida familiar – Texto Introductorio

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¿QUÉ HORA ES “EN NUESTRA VIDA FAMILIAR”?

ETAPAS DE LA PAREJA Y DE LA FAMILIA

TEXTO INTRODUCTORIO SOBRE ELTEMA

ALGUNAS IDEAS PARA EMPEZAR….

  • Sabemos por experiencia que la vida no es progresivamente lineal. No crecemos siempre igual; no tenemos siempre la misma capacidad de aprendizaje; no manifestamos igual la afectividad y la sexualidad; incluso nuestra situación laboral no mejora progresivamente ya que en ocasiones está “estancada”… La vida está llena de “fases”, “momentos”, “etapas”. Incluso los mejores atletas no consiguen una “progresión perfecta”. En la vida de Jesús, su “tiempo” tampoco fue homogéneo, sólo hay que recordar…
  • También sabemos que la vida es cambio. No hay dos días iguales. Nuestros pensamientos, costumbres, hábitos…, cambian. Cambiamos de comunidad, de barrio, de trabajo, de profesión, de habilidades. Cambiamos de rol educativo… Gracias al cambio nos sentimos vivos, crecemos, mejoramos, ayudamos a crecer o simplemente los demás nos ayudan a vivir.
  • Por ello podemos hablar de ciclos en el desarrollo del individuo, de la pareja o de la familia. Hablar de ciclos no significa encasillar las personas, las parejas o las familias ni en “reiteraciones” ni en “situaciones predeterminadas”. Es más sencillo: Un ciclo vital es un proceso de evolución esperable. Como «proceso» proporciona una descripción general de los retos y problemas típicos, así como, de los activos y las oportunidades propias del momento. En cuanto «evolución» facilita el marcar una perspectiva de futuro diferente y delimitando la posibilidad de marcar nuevos objetivos o situaciones.
  • Conocer los ciclos de la pareja y la familia nos puede ayudar a tomar conciencia de “nuestra evolución” y “nuestro momento actual”. Puede servir para analizar mejor nuestros retos y dificultades a la par que nuestros activos y oportunidades. Saberse en un ciclo implica poder anticipar y prever situaciones previsibles. Tener conciencia de que llegarán las «transiciones», nuevos «rituales»… Asumir el ciclo vital es una buena estrategia para preguntarnos si verdaderamente aprovechamos todos los recursos para construirnos como familia y construir la familia, para formarnos y formar…, en definitiva, si aprovechamos todo el tiempo, todo el potencial educativo, humano, afectivo… que Dios nos ha regalado para nuestro crecimiento.
 

ALGUNOS TEXTOS PARA EMPEZAR…

Familia y pareja son sistemas vivos que van desarrollándose a lo largo de etapas bien definidas. Como en el crecimiento del ser humano, no hay un progreso lineal que vaya desde el momento de inicio de la vida hasta el final de ella. Aparte de la monotonía que pudiera inculcar en el devenir de un estado más pujante, supondría una verdadera negación de lo que la naturaleza de cualquier ser vivo que pasa del estado más menesteroso hasta la situación más estructurada. La naturaleza, dicen los filósofos, no obra por saltos. Hay altibajos, hay momentos de plenitud y de citaciones de descenso. Ninguna de ellas, por sí misma, son anómalas, sino que significan en, último término, una verdadera «regresión» que siempre contiene un verdadero avance.
En la psicología evolutiva hablamos de «fases evolutivas» que están cargadas de riqueza aunque la apariencia parezca con frecuencia como algo insólito. La infancia, la adolescencia, la juventud, la madurez y la involución son etapas «desagradablemente necesarias» porque crecer siempre es doloroso. Ninguna de ellas es «negra», aunque la literatura barata la haya ido adornando con adjetivos descalificadotes que las identifican con «etapas críticas», «fases difíciles», «momentos dolorosos». No hagáis caso. El «drama» de esas etapas evolutivas está en que al sujeto que las atraviesa se le trata como si estuviera en la etapa inmediatamente anterior y se le exige como si ya estuviera en la siguiente.
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Las etapas evolutivas del individuo tienen su paralelismo en los ciclos vitales en el caso de la familia y la pareja. Unas y otros pueden vivirse como «hecatombes», como casi «ruinas», como «amenazas permanentes» que paralizan el crecimiento. Pero pueden viveirse también como «oportunidades», como «momentos propicios», como «ventanas abiertas». Todo depende de la actitud que se adopte ante esas coyunturas que no tienen por qué afectar a la estructura interna de la persona, la pareja o la familia.

José Antonio RÍOS,

Los ciclos vitales de la familia y de la pareja. ¿Crisis u oportunidades?

Colección: educación, orientación y terapia familiar núm. 6.

Madrid: CCS, 2005, p. 11-12.

29. ¿«QUÉ HORA ES» EN MI VIDA?

Juan Pablo II, en el anuncio de la celebración del Gran Jubileo de 2000, nos decía que hay que suscitar en cada fiel un «verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal» (TMA 42).

Se trata del eco de la primera predicación de Jesús en Galilea: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva» (Marcos 1,15).

La vida es imparable. «¿Qué hora es?» en el «reloj» de mi vida? ¿Las siete de la mañana? ¿Las doce de la mañana? ¿Las cuatro de la tarde? ¿Las once de la noche? Dicho de otra manera: ¿considero que ahora es la hora adecuada para tomarme en serio el llamamiento de Jesús y superar mi mediocridad? ¿O todavía es demasiado pronto? ¿O quizá ya es demasiado tarde?
Nunca es demasiado tarde (¡ni demasiado pronto!) para aquel que confía en el Señor. Vivir es cambiar. En cada uno de los momentos de nuestra vida existen cosas que se acaban y mueren, y otras que nacen o resucitan de nuevo en nuestro corazón. ¿Qué es lo que está muriendo? En mí en este tiempo «jubilar»?¿Qué es lo que está naciendo o resucitando dentro de mi?

La fuerza y la bondad del Señor son capaces de destruir y sepultar todo aquello que en mi interior es caduco, es pecado, es tristeza, es pesimismo. Y también es capaz el Señor de resucitar aquellas aspiraciones y proyectos que me habían ilusionado, porque daban sentido a mi vida, y que quizá ahora permanecen inoperantes y sepultados en el olvido. ¡Qué lástima!

DE manera especial, el Señor es capaz de hacerme descubrir nuevos horizontes, unos horizontes desconocidos hasta ahora para mí, pero que pueden romper la rutina de mi vida e impregnarla de luz y de esperanza.

¿Qué esperamos para convertirnos?!No malgastemos el «Año de Gracia» que nos ofrece el Señor! Y no temamos nada, porque «para Dios nada es imposible» (Lucas 1,37).

Lluís ARMENGOL,

Vivir a fondo. Reflexiones sobre la vida cotidiana.

Barcelona: Claret, 2003, p.39

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